Una Revolución en Colombia. Carta al MRS.

Carta en respuesta al artículo sobre Colombia del MRS de Brasil:

La situación en Colombia.

  1. Creo que en Colombia tenemos ya no sólo una “situación revolucionaria”, como dice el MRS, sino algo superior, una Revolución (con R mayúscula). En la conocida definición de Lenin, que citas, una situación revolucionaria (SR) es aquella en la que los de arriba carecen de la capacidad de antaño de seguir gobernando y los de abajo no quieren continuar bajo el yugo. Si no recuerdo mal (porque 16 años sin revoluciones en América latina podrían haber atrofiado mi memoria), para N. Moreno, que estudió el tema, una SR es aquella “apta” para que se desarrolle una revolución. Pero no aclaró cuándo cambia de SR a Revolución. Quizás esto ocurre cuando los de abajo pasan a un nivel superior en sus luchas, cuando sus movilizaciones ya no sólo exigen tal o cuales reivindicaciones económicas o mínimas y también demandan la caída del gobierno. Con otras palabras, cuando sus movilizaciones tienen un carácter insurreccional. Esto es evidentemente un salto en la conciencia de la población. En el país suramericano se venía luchando por muchas cosas pero no por la caída del gobierno. La batalla contra la intención del presidente Duque de aumentar los impuestos unificó a la población, que pronto se dio cuenta que era insuficiente con evitar ese abuso y llegó a la conclusión de que lo crucial es deshacerse de su mandatario. En fin, supongo que cuando existe insurrección hay que decir que hay una revolución. Interpreto que en este sentido razona Trotsky cuando afirmó que una revolución es “la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos.”

En resumen, me parece que lo correcto es decir que hoy en Colombia existe una Revolución. Podría triunfar o no, es decir, será victoriosa si tumba a Duque-Uribe. O sería una Revolución derrotada. Tal vez ocurra una situación intermedia.

La crisis

  1. Hay otra categoría ligada a los conceptos anteriores y que no aparece en el MRS. Moreno estudió la llamada “crisis revolucionaria”, muy pertinente de ser atisbada y detectada por los revolucionarios que participan en este tipo de asuntos. Sería cuando la insurrección alcanza su pico (o uno de sus picos) y consigue que el poder enemigo, luego de recibir fuertes golpes, quede prácticamente anulado, cerca del knock out, contra las cuerdas, aunque todavía no en la lona. Sucede cuando hay un vacío de poder. Las referencias o metáforas sacadas del pugilismo no son caprichosas porque estamos estudiando el combate encarnizado entre dos boxeadores, el gobierno y las masas populares, la lucha de clases en el raund 10. Tal vez mañana miércoles 12 de mayo y en días posteriores presenciemos en vivo y en directo este fenómeno precioso, el más apto para que una vanguardia organizada e inserta entre las masas (y que haya leído El arte de la insurrección, de V.I. Lenin) dispare un puñetazo certero en la mandíbula fatigada del gobierno.

Las nuevas revoluciones

  1. Desde hace años venimos sosteniendo que, a diferencia de las “Revoluciones democráticas” que destruyeron dictaduras; las revoluciones de fines del siglo XX y de los primeros años del XXI, así como la que se desarrolla hoy, derrocan o buscan tumbar a gobiernos electos en urnas. No vamos a repetir las diferencias entre ambos fenómenos. Sólo recordamos que las nuevas revoluciones son superiores a las antidictatoriales entre otras cosas por sus actores sociales: mientras que en el campo de la revolución democrática hubo frentes policlasistas en los que participaron sectores de la burguesía que se presentaron como “democráticos”, en los procesos actuales el choque burguesía-proletariado es lo más característico y los más importantes sectores burgueses aparecen claramente como contrarrevolucionarios. No necesito decir que esto nos da muchas ventajas. Y que la conciencia de la clase trabajadora ha avanzado un gran tranco porque en la época pasada pensaba que era suficiente con democracia burguesa para satisfacer sus principales anhelos.

¿Una revolución obrera?

  1. La revolución en Colombia se parece grandemente a las imaginadas por el marxismo clásico por su denso componente de trabajadores y asalariados, la participación de centrales sindicales, del poderoso gremio magisterial y por sus métodos obreros, el paro, la huelga, la manifestación. Combina métodos de los campesinos como los bloqueos de carreteras y otros, que fortalecen los combates. Son revoluciones leninistas en el sentido en que la gran alianza es la de obreros y campesinos, a la que se añaden pueblos aborígenes o indios, negros y todo tipo de organizaciones sociales, barriales o territoriales, feministas y ambientalistas. Destacan cientos de miles de jóvenes desempleados o subempleados, el nuevo precariado, los marginados predilectos por el capitalismo caníbal que padecemos, aunque armados y duchos en el uso de las nuevas tecnologías comunicativas, puestas al servicio de la revolución. Sobresale también el gran número de mujeres y su intervención como líderes de los más diversos movimientos, así como sus planteamientos liberadores de su género. Las características reseñadas golpean a las corrientes pequeñoburguesas indigenistas y anarquizantes, sectarias ante la clase trabajadora. Todavía en 2019 teóricos como el uruguayo Raúl Zibechi se regocijaba debido a que los procesos de lucha en Ecuador, Bolivia y Chile según él habían sido hegemonizados por pueblos originarios. Hoy podemos confirmar que salen a la palestra la clase trabajadora y también los campesinos, que en estas dos clases explotadas hay muchos indígenas o de ese origen, y que todos están en unión fraterna y fecunda en la que adoptan todas las formas de lucha, vengan de donde vengan, principalmente la huelga insurreccional. Colombia es entonces un triunfo teórico del marxismo.

La huelga insurreccional

  1. La portentosa huelga insurreccional colombiana con la intervención impetuosa de la “minga” de los pueblos originarios no debe hacernos olvidar que no sólo es válido sino muchas veces necesario que el proletariado y los revolucionarios igualmente intervengamos en procesos electorales para no dejarle libre ningún espacio de lucha a nuestros enemigos y adversarios. Ya me referí en otro texto reciente a los avances de trabajadores e indígenas en las elecciones recién habidas en Ecuador, Bolivia y Perú. Esta participación los ha fortalecido y ha debilitado a “progresistas” y congéneres.

La revolución Suramericana

  1. A propósito he citado los procesos que se están desarrollando en países cercanos. La tendencia es a que se desarrolle un proceso revolucionario en prácticamente todo Suramérica que podría extenderse hacia el centro del continente y a partes de Norteamérica, México y zonas de los Estados Unidos. En un texto clásico del trotskismo revolucionario, el manifiesto emitido por la LIT en 1985, se afirma que Latinoamérica entera vivía una revolución. Esto comienza a ocurrir ahora otra vez. Sea cual fuese el derrotero de Colombia, hay señales de que se podría estar iniciando una nueva etapa de la lucha de clases que podría durar algunos años, en la que habrá altas y bajas, triunfos y reveses en una dinámica por ahora ascensional. El imperialismo y las burguesías tienen claro esto y, por lo pronto, entre otras medidas, han implantado una veda informativa para la Revolución colombiana.

 

  1. Luego de vislumbrar un largo y extenso proceso revolucionario, de inmediato voy al examen de las contradicciones o factores contrarrestantes. Para empezar, las luchas actuales apenas están mermando a los regímenes democrático-burgueses. Una gran tarea es derribar a los gobiernos, algo que no se logró en ningún proceso de 2019. Es un paso muy duro y difícil. Existe una sólida alianza burguesa y contra para que Duque no caiga.

Por el lado del proletariado y sus aliados, vemos que las organizaciones obreras y populares carecen de una organización parecida a la soviética, aunque quizás haya pasos en esa dirección. La aparición de una fuerte organización obrera, campesina, indígena y popular, a nivel nacional y armada, es la institución que socava irremediablemente el régimen demo-burgués, pero es una tarea pendiente crearla. Con otras palabras, aunque hay una Revolución (que podría ser derrotada o burlada) ésta no ha logrado derribar al gobierno ni al régimen imperante.

Las tareas revolucionarias

  1. Otra gran tarea estratégica es la construcción de un partido leninista y marxista revolucionario en Colombia que sea parte de un proyecto internacionalista como el del CRIR.
  2. El retorno de las Revoluciones contra gobiernos burgueses guarda una relación directa con el decline de las corrientes progresistas o reformistas. Lula, Chávez, Evo Morales, Correa y otros lograron evitar que estallaran más revoluciones. Sobre Colombia, ya perdimos de vista cuándo colapsó el López Obrador de ese país. Lo cierto es que no existe allí nadie que pueda decirle a las masas que basta con que voten por él para que solucione sus problemas y les haga justicia. La crisis, desprestigio y retroceso de los (muy poco) reformistas es uno de los más importantes hitos latinoamericanos, porque rompe las principales amarras que atan a la clase obrera a la burguesía, abre el camino para su independencia política y para que irrumpen sin obstáculos grandes luchas. Desde luego, en Colombia existen dirigentes de masas burocratizados y ligados a sectores oportunistas y burgueses, pero no hay a la vista un Fidel Castro, un Daniel Ortega o un Lula, en sus momentos de esplendor y rodeados de los poderosos aparatos que los proyectaron, que contenga, como ellos, a las masas en ebullición.

Lo anterior no quiere decir que le hemos decretado la muerte del enemigo de clase disfrazado de izquierdista. Está débil pero está todavía vivo y la lucha contra éste debe permanecer.

La nueva situación

  1. La nueva situación que podría estarse abriendo nos toma a los revolucionarios debilitados y disminuidos, luego de remar contracorriente durante casi 20 años. La luminosidad de los acontecimientos recientes resalta las tinieblas de las que venimos. Con todo, logramos sobrevivir y pertrecharnos en el CRIR, que aparece como un pequeño pero potente faro para los revolucionarios.

México, 11 de mayo 2021.


El Comité por el Reagrupamiento Internacional Revolucionario (CRIR) está compuesto por el Partido Socialismo y Libertad (Argentina), el Freedom Socialist Party (Estados Unidos y Australia), el Movimiento Revolucionario Socialista (Brasil) y el Partido Obrero Socialista (México). Establecido en 2013, el CRIR es un esfuerzo para promover la colaboración entre fuerzas revolucionarias en torno a una plataforma común que prioriza la promoción del liderazgo revolucionario de las mujeres en todos los ámbitos políticos.