Forjar Nuevos Cimientos

Socialismo y cambio climático.

Una invitación del Comité por el Reagrupamiento Internacional Revolucionario (CRIR) para forjar nuevos cimientos para la revolución en el siglo XXI.

24 de abril de 2023

La actual crisis mundial ecológica, económica y política está dando lugar a una intensificación de la lucha de clases. Esto puede verse en conflictos étnicos, la diseminación del despotismo, la militarización y movimientos fascistas, crecientes huelgas de trabajadores y ataques de la derecha a los derechos democráticos básicos, especialmente los de las mujeres, indígenas y negros. Sin embargo, al mismo tiempo que la clase capitalista intenta retener el control con represión, la resistencia crece.

En el plano internacional, los Estados Unidos, la principal potencia estabilizadora e imperialista desde la Segunda Guerra Mundial, ya no disfruta de su antiguo liderazgo absoluto e incondicional. Al mismo tiempo, el capitalismo anglo-europeo se mantiene incapaz de levantarse de la recesión iniciada en 2008. La crisis bancaria de marzo de este año lo ha demostrado.

En consecuencia, estos poderes tienen cada vez menos capacidad de ganar “las mentes y los corazones” de los pueblos del mundo, la turbia frase de George Bush Jr. cuando invadió Irak en 2003. Aunque esa situación abre un campo fértil para la izquierda revolucionaria, la crítica más sonora al capitalismo aún es en esencia reformista bajo la forma del populismo de izquierda.

No es difícil anticipar cómo terminará esta situación si la izquierda revolucionaria continúa con el curso sectario que mantiene desde la caída de la Unión Soviética en 1991. A menos que ocurra un amplio reagrupamiento de comunistas para agitar las flamas de la lucha y se desarrollen estrategias para la revolución internacional, parece inevitable que los fascistas lleguen al poder global, pues el capitalismo no tiene otra respuesta para la actual crisis. Si esto sucede, el planeta degenerará hacia la guerra mundial en una escala inconcebible en el pasado.

En esta situación, la lucha por la vida en el planeta depende de los radicales de esta y futuras generaciones. El CRIR se toma en serio la responsabilidad de transmitir el conocimiento y las mejores tradiciones de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y otros grandes líderes y pensadores revolucionarios de los siglos XIX y XX. Reconocemos la necesidad de esforzarnos para superar el sectarismo de izquierda y unir fuerzas con revolucionarios afines para construir nuevos y mejores cimientos para hacer realidad un siglo XXI de transformación socialista. El tiempo se agota para lograrlo, por lo que hacemos un llamado urgente a aquellos que estén de acuerdo con las ideas esenciales expresadas aquí para que nos contacten a los correos electrónicos de abajo para discutir cómo podemos trabajar juntos.

 1. La vida en peligro

Es importante que tanto viejos como nuevos luchadores sean claros en los desafíos que enfrentamos y el terreno en que la lucha de clases se está desarrollando hoy en día.

El capitalismo ya ha causado un daño irreparable a la vida del planeta. Ya no se trata de revertir el daño sino qué tan grande será el daño. El Acuerdo de París de 2015 estableció limitar el calentamiento global a 2°C, pero idealmente a 1.5°C. Sin embargo, el reporte de 2021 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha señalado que para mantenernos debajo del límite ideal de 1.5°C habría que reducir los gases de invernadero… ¡a la mitad antes de 2030! Un sueño imposible bajo el capitalismo.

El mismo reporte observa: “Sólo una urgente transformación sistémica puede lograr los enormes recortes necesarios para limitar las emisiones de gases de invernadero”. Entre sus hallazgos está la aseveración de que si los planes de los países que firmaron el Acuerdo de París fueran cumplidos al 100%, aun así son insuficientes y para el año 2100 el calentamiento global habrá acumulado 2.8°C por encima de la temperatura del planeta antes de la industrialización. Donald Trump sacó a Estados Unidos del relativamente débil Acuerdo de París, y aunque Biden lo ha regresado, está muy claro que las grandes

corporaciones prefieren proteger sus ganancias en un mundo en destrucción antes que imaginar la reducción de los gases de invernadero.

De permanecer intacto, el capitalismo desfigurará el planeta de forma irreversible. ¿Cómo sería ese mundo? Las películas de ciencia ficción ya nos dan una idea. Por lo pronto, entre 1970 y 2018 la población de vida animal salvaje se ha reducido en un 70%. El presente ya es una catástrofe en tiempo real.

 2. Recesión, pandemia y guerra

Luego de la pandemia, la lucha de clases en el mundo ha ido retomando dinamismo al tiempo que se intensifican los retos sistémicos de la explotación capitalista y del imperialismo.

El multimillonario Warren Buffet alguna vez dijo que “cuando baja la marea se ve quién iba desnudo”. Esto aplica no sólo a inversionistas, sino a la clase obrera internacional. Como efecto de la crisis financiera de 2008, el PIB por habitante cayó -3.39% en 2009. Una década después, la pandemia de Covid-19 que estalló en 2019 provocó que en 2020 el PIB por habitante se desplomara -4.33%, desatando protestas obreras alrededor del mundo.

Mientras Estados Unidos experimentó esa contracción, China creció 8.89% en 2009 y 2.12% en 2020. Es evidente que la pandemia ha acelerado procesos que ya venían desde antes de 2019 y que estos procesos están cambiando los rasgos principales del capitalismo contemporáneo.

El crecimiento económico internacional ya no es lo que era antes, pero lo es todavía menos en la potencia #1 del mundo, Estados Unidos. Dueño de la que sigue siendo la más peligrosa y formidable fuerza militar, los EE. UU. están mostrando signos de envejecimiento y su antiguo papel de árbitro y líder indiscutido ya no es la regla.

La actual guerra en Ucrania es reveladora en este sentido. Ni los Estados Unidos ni ninguna potencia europea ha enviado sus ejércitos a ese país, como era la antigua costumbre. Por otro lado, Rusia ya no es aquel Estado obediente que surgió del colapso de la Unión Soviética. La invasión rusa a Ucrania es una expresión del espacio creciente que están ocupando potencias competidoras, cada una con un peso importante a nivel regional. En Medio Oriente, Irán es un buen ejemplo. En el sureste asiático, el ascenso de China es indiscutible. En América Latina, ocasionalmente Brasil ha jugado ese papel en el Cono Sur y México ya lo juega en América Central, aunque como lacayo de Estados Unidos contra los migrantes.

Al mismo tiempo, ningún otro Estado puede aún sustituir o desplazar a la principal potencia militar y económica. Aunque el imperialismo occidental no ha enviado tropas, su apoyo logístico al ejército ucraniano está ocasionando un serio revés a Rusia, que ahora está reprimiendo salvajemente toda resistencia interna a la guerra al mismo tiempo que recluta forzosamente a miles de jóvenes y convictos al ejército.

 3. Optimismo revolucionario

El imperialismo estadounidense y las potencias secundarias que intentan rivalizar dependen del crecimiento económico. Unos, para mantener su primacía; otros, para incrementar su influencia. Pero el planeta es ya incapaz de soportar la destrucción necesaria para mantener un crecimiento permanente. La única salida es acabar con el capitalismo descarriado e instalar una planeación socialista a escala internacional.

En su estancamiento actual, el capitalismo ya es sólo capaz de brindar satisfacciones a los ricos. Hoy carece del vigor que tuvo en los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo, el capitalismo fue capaz de crear lo que se conoció como “estado de bienestar”, bajo el cual las clases trabajadoras lograron asegurar un conjunto de reformas benéficas que en su mayoría fueron desmanteladas después.

La mesa está servida para que una crítica revolucionaria al capitalismo gane espacio en la esfera pública. Sin embargo, este espacio aún está ocupado por una izquierda muy tímida conocida como “progresismo” en América Latina y en el ala de Bernie Sanders en el Partido Demócrata de EE. UU. El progresismo no se propone detener ni superar al capitalismo, sino apenas reformarlo un poco y sin siquiera lograr esto último. La agenda progresista es tan limitada que cuando ha llegado al poder –por ejemplo, con Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina o AMLO en México– su principal preocupación ha sido reimpulsar el capitalismo local con una agenda neoliberal que empeora la situación de la clase trabajadora.

La cobardía de este tipo de reformismo le ha hecho un gran favor a la derecha, que promete reformar radicalmente al capitalismo para “limpiarlo de todo mal” y restaurar el crecimiento. La mayoría de las veces, el mal es representado con rostro de migrantes extranjeros, negros e indígenas, feministas y sindicalistas inconformes y trabajadores públicos. Son las luchas de estos sectores, que no se han detenido a pesar de una pandemia muy adversa que incluyó prohibiciones a las movilizaciones y represión policiaca. Estos trabajadores plantaron cara a la represión de sus patrones y sus gobiernos y al hacerlo han abierto un campo fértil al optimismo, un optimismo que la izquierda debe nutrir y cuidar.

4. Nuevos y mejores cimientos

El internacionalismo proletario es mucho más que un eslogan. Requiere acciones concretas. Con excepción del estalinismo, cuyos partidos apoyan los regímenes reformistas, las tradiciones de izquierda radical representan el reservorio más efectivo para enfrentar al capital.

No es un secreto que cuando colapsó la Unión Soviética tres décadas atrás, muchos sueños socialistas también se evaporaron. El imperialismo se regodeó en la supuesta “muerte del comunismo” y lo que sus ideólogos llamaron el “fin de la historia”. Por supuesto, sus amos al mismo tiempo se regocijaban anticipando la riqueza que les llovería con la restauración del capitalismo en la antigua Unión Soviética. Frente a este bombardeo, muchos de nuestros camaradas perdieron confianza en la capacidad de la clase obrera para hacer el socialismo y se unieron a partidos reformistas.

En esas circunstancias, los grupos revolucionarios sufrieron rupturas y/o un éxodo de militantes y fueron orillados a volver a empezar desde el principio. Aquellos que sobrevivieron y ganaron terreno en este tiempo llevaron a cabo un verdadero milagro. Una de estas organizaciones es el CRIR, el cual se compone de partidos que han capeado el temporal.

La crisis de la izquierda es mirada frecuentemente con pesimismo y resignación, pero esa es sólo una opción. En realidad, la actual situación internacional presenta una oportunidad preciosa para fortalecer las fuerzas revolucionarias colocando los esfuerzos por un mundo comunista sobre cimientos más sólidos.

Empezando por anclar incondicionalmente la lucha del feminismo proletario contra el patriarcado en el lugar que le corresponde: en el primer plano de toda lucha por la igualdad, la libertad y el poder obrero, incluyéndola en el centro de toda movilización contra la opresión nacional, el prejuicio racial y étnico y el supremacismo blanco.

La batalla por el socialismo es la expresión de un deseo ancestral de emancipar las relaciones al interior de nuestra especie. Ahora, sin embargo, además es necesario impedir que nuestra especie acabe con todas las otras formas de vida. Debemos abordar la urgencia de la crisis ecológica. La destrucción de la naturaleza existe hoy en formas nunca imaginadas por Marx, Engels, Lenin, Trotsky o muchos otros líderes revolucionarios. Organizándonos para salvar al planeta, nos salvamos a nosotros mismos.

Para hacer concreto el internacionalismo proletario, el CRIR tiene dos prioridades. Primero, buscamos forjar un reagrupamiento internacional revolucionario para enfrentar los sucesos clave en la arena internacional. Segundo, trabajamos por construir frentes únicos para superar el sectarismo y defender nuestra clase contra el creciente autoritarismo y fascismo. Reconociendo que las tácticas pueden variar de país a país, el CRIR se compromete a fomentar una forma de colaboración que promueva el entendimiento y respeto mutuo.

Los partidos del CRIR comparten experiencias con varias internacionales trotskistas. Nuestro análisis es que cada una de ellas funciona como un cuerpo aislado, operando más como una iglesia poseedora de la verdad en busca de seguidores que como una vibrante organización revolucionaria en búsqueda permanente de ser una fuente de pensamiento, debate y acción estratégicos dirigida a la emancipación de la humanidad de las cadenas del capitalismo. El CRIR no es ni pretende ser ese tipo de internacional grandilocuente. No estamos buscando seguidores sino camaradas con los que podamos trabajar para aprovechar las oportunidades que se vienen ampliando para la acción revolucionaria. Nuestra esperanza es que podamos generar un modelo de colaboración que promueva las condiciones para el surgimiento de una nueva y vibrante internacional en un punto en el futuro.

Invitamos a todos aquellos que estén interesados en este trabajo a que contacten al CRIR, no para que les digamos qué hacer, sino para colaborar. El CRIR tiene puntos de unidad que hemos adoptado desde 2013 y que pueden ser consultados dando click aquí. Queremos saber qué piensas de esta plataforma. Les animamos a que contactarnos directamente acercándose a cualquiera de los partidos representantes del CRIR que enlistamos a continuación. También pueden escribirnos directamente a: cririnter@gmail.com

Comité por el Reagrupamiento Internacional Revolucionario

Partido Socialismo y Libertad – Argentina

Movimento Revolucionário Socialista – Brasil

Freedom Socialist Party – Estados Unidos y Australia

Partido Obrero Socialista – México