La histórica la disputa de la CNTE contra el gobierno y el Capital

Las movilizaciones recientes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) han colocado nuevamente en el centro del debate público la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007. Desde una perspectiva convencional, esta discusión suele reducirse a un problema técnico de sostenibilidad financiera de las pensiones. Sin embargo, desde una perspectiva de clase, el problema puede entenderse de manera distinta: como una disputa por el valor de la fuerza de trabajo y por el control de la riqueza social producida por millones de trabajadores.

Bajo esta interpretación, la reforma de 2007 no constituyó simplemente una modificación administrativa del sistema pensionario. Representó la incorporación de una parte creciente del salario diferido de los trabajadores al circuito global de acumulación financiera del capital.

La fuerza de trabajo y el salario diferido

El salario no es una recompensa moral por el trabajo realizado. Es el precio de una mercancía muy particular: la fuerza de trabajo.

El valor de esa fuerza de trabajo está determinado por todo aquello que permite reproducir al trabajador a lo largo de su vida: alimentación, vivienda, educación, salud y también la posibilidad de subsistir durante la vejez.

Desde esta perspectiva, una pensión digna no constituye un beneficio adicional otorgado por el Estado, sino parte integral del costo social de reproducción de la fuerza de trabajo.

Cuando la Ley del ISSSTE de 2007 sustituyó el esquema solidario por cuentas individuales administradas por AFORE, una parte de ese salario diferido dejó de estar garantizado colectivamente y comenzó a depender de la dinámica de los mercados financieros.

La consecuencia fue que una porción del valor generado por los trabajadores quedó subordinada a los mecanismos de acumulación del capital financiero.

Financiarización y acumulación de capital

Una de las características fundamentales del capitalismo contemporáneo es la financiarización. En lugar de concentrarse exclusivamente en la producción de mercancías, el capital busca cada vez más ganancias mediante instrumentos financieros, fondos de inversión, mercados bursátiles y sistemas de crédito.

En este contexto, los fondos de pensiones adquieren una importancia estratégica. Los trabajadores aportan una parte de su salario. Ese dinero es administrado por instituciones financieras privadas. Las administradoras cobran comisiones. Los recursos son invertidos en empresas, bonos gubernamentales, infraestructura y mercados financieros.

De esta manera, los ahorros para el retiro se transforman en una fuente permanente de capital disponible para la acumulación. Este proceso es una forma de integración de la vida cotidiana de los trabajadores a los circuitos globales de valorización financiera.

La pregunta fundamental que surge es sencilla:

¿Por qué el trabajador debe depender del comportamiento de los mercados financieros para garantizar su vejez cuando fue él quien produjo la riqueza social durante toda su vida laboral?

El salario diferido convertido en combustible para la acumulación

Desde esta perspectiva crítica, las AFORE cumplen una función que va mucho más allá de administrar pensiones. Convierten el salario diferido en capital disponible para la inversión privada.

Los recursos aportados por millones de trabajadores financian empresas nacionales e internacionales, deuda pública, proyectos de infraestructura y diversos instrumentos financieros.

En otras palabras, el sistema financiero transforma una parte del ingreso futuro de los trabajadores en combustible para la expansión del capital. La cuestión central deja de ser únicamente cuánto rendimiento generan las cuentas individuales.

La pregunta pasa a ser:

¿Por qué las empresas privadas requieren apropiarse del ahorro de los trabajadores para financiar su crecimiento?

Esta es una de las expresiones más características de la financiarización contemporánea.

El Estado neoliberal como garante del proceso

La financiarización no ocurre espontáneamente. Requiere instituciones, marcos legales y protección política. Desde esta óptica, el Estado neoliberal desempeña un papel decisivo. Lejos de retirarse de la economía, interviene activamente para crear las condiciones jurídicas que permitan la expansión de los mercados financieros. La Ley del ISSSTE de 2007 puede interpretarse como parte de este proceso histórico.

El Estado no desaparece. Actúa como garante de un modelo en el que los recursos generados por la fuerza de trabajo son canalizados hacia mecanismos de acumulación financiera.

La lucha de la CNTE como disputa por el valor de la fuerza de trabajo

Dentro de este marco, la demanda de abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 adquiere un significado que trasciende el tema pensionario. La movilización busca recuperar una parte del valor de la fuerza de trabajo que fue incorporada al circuito financiero.

La reivindicación de una pensión digna no aparece entonces como una simple exigencia corporativa. Representa una disputa por la distribución de la riqueza social producida por generaciones de trabajadores.

Por ello, la lucha actual es histórica. No solamente cuestiona un mecanismo administrativo específico. Cuestiona el principio mismo de que la seguridad económica en la vejez dependa de la rentabilidad de los mercados financieros.

El Mundial de la FIFA y la absorción del excedente de capital

La coyuntura adquiere una dimensión adicional cuando se observa el contexto económico global. El capitalismo enfrenta periódicamente problemas de sobreacumulación.

La pregunta recurrente es:

¿Dónde invertir el capital excedente para que continúe generando ganancias?

Cuando existe demasiado capital buscando oportunidades rentables, aparecen riesgos de caída de beneficios, crisis financieras, desempleo y recesión.

Para resolver temporalmente este problema, el sistema impulsa proyectos capaces de absorber enormes cantidades de recursos. Los megaeventos deportivos constituyen uno de esos mecanismos. Los mundiales de la FIFA movilizan inversiones masivas en estadios, infraestructura urbana, transporte, telecomunicaciones, hotelería, publicidad y seguridad. Estos proyectos permiten que grandes cantidades de capital continúen circulando, reproduciéndose y generando ganancias.

Desde esta perspectiva el Mundial no es solamente un evento deportivo. Es también una solución temporal al problema del excedente de capital.

Una lucha local dentro de una dinámica global

La importancia de las movilizaciones actuales puede entenderse entonces en un marco más amplio. Mientras enormes volúmenes de capital buscan nuevas oportunidades de valorización a escala global, sectores de trabajadores intentan recuperar garantías materiales vinculadas a la reproducción de su propia fuerza de trabajo.

Por ello, la disputa por las pensiones no puede separarse completamente de las transformaciones internacionales del capitalismo. La financiarización, la movilidad global del capital y la presión permanente por reducir costos laborales han contribuido a debilitar las condiciones materiales de amplios sectores de trabajadores en numerosos países.

La exigencia de una pensión digna representa, en este sentido, un esfuerzo por recuperar parte del terreno perdido en la larga disputa histórica entre capital y trabajo.

Más allá de la nacionalización

La nacionalización por sí misma no resuelve automáticamente el problema. La cuestión central no es únicamente si los recursos son administrados por el Estado o por grandes instituciones financieras privadas.

La pregunta fundamental es quién controla democráticamente esos recursos y con qué objetivos son utilizados. Un sistema estatal puede reproducir desigualdades, burocracias e ineficiencias si los trabajadores permanecen excluidos de las decisiones fundamentales.

Por ello, el problema de fondo no es solamente la propiedad formal de los fondos pensionarios, sino la capacidad colectiva para decidir sobre el destino de la riqueza social producida por el trabajo.

Conclusión

La controversia en torno a la Ley del ISSSTE de 2007 puede interpretarse como una disputa por el valor de la fuerza de trabajo en el capitalismo contemporáneo. Las cuentas individuales transformaron parte del salario diferido en recursos disponibles para la acumulación financiera. Los fondos de pensiones se integraron a los circuitos globales de valorización del capital.

La lucha por recuperar sistemas de pensión más solidarios expresa, desde esta perspectiva, una demanda por restituir a los trabajadores una mayor participación en la riqueza que ellos mismos producen.

Al mismo tiempo, esta disputa se desarrolla en un contexto global marcado por la financiarización, la sobreacumulación de capital y la búsqueda constante de nuevos espacios para la obtención de ganancias.