Contra la invasión de Estados Unidos en Venezuela

Declaración del POS-México Contra la invasión de Estados Unidos en Venezuela

08 de enero de 2026

 

Estamos viendo al imperialismo norteamericano exhibir cruda y brutalmente su verdadero rostro: violento, antidemocrático y depredador. En las semanas pasadas lanzó más de 20 bombardeos contra lanchas en el Caribe y asesinó cobarde, ilegal e impunemente a un centenar de sus tripulantes, por la sola sospecha de ser narcos. Ha invadido Venezuela, asesinó a decenas de los guardias de Nicolás Maduro y lo secuestró. Donald Trump parecía un orate cuando exigió «le sean devueltos a los Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás activos que les robaron”, como si el país caribeño fuera propiedad yanqui, y toda América, según proclamó su paisano James Monroe en 1823, al que evocó. El presidente norteamericano ha proclamado que Venezuela es suya y que está bajo su “dirección”. Es el cínico pensamiento colonialista en toda su extensión.

Hace décadas no se veía que Washington recurriera en América latina a una medida de fuerza parecida. De salirse con la suya, la región completa y más allá, los países, los pueblos quedaremos sometidos a la voluntad y caprichos de los prepotentes de la Casa Blanca. Se necesita una larga jornada de movilizaciones de todos los trabajadores, los campesinos, los indígenas, las mujeres y de todos aquellos que repudian el zarpazo ladrón y asesino.

Trump y sus hienas parecen supermanes pero no lo son. Estos gobernantes son incapaces de reducir la deuda pública que está sangrando y debilitando sin cesar el organismo de Estados Unidos, al tiempo que parecen perder la disputa por la hegemonía económica mundial con China. Están desesperados por hacerse de recursos y tratarán de tenerlos, aunque agredan a sus mismos aliados, como Dinamarca, a la cual le quiere rapiñar Groenlandia, muy rica en minerales raros. En cuanto a fuerza militar, los Estados Unidos siguen siendo la principal potencia pero una porción mayoritaria de su población, de la base de Trump, no quiere guerras, no quiere pagarlas con sus menguantes ingresos ni con la sangre de sus jóvenes. El imperio sufre de pobreza y cansancio aunque cada tanto tira feroces manotazos. Washington es impotente para guerras prolongadas con miles de soldados. El estilo de Trump por fuerza son los bombardeos quirúrgicos y las acciones comando. Y sus amenazas insolentes.

Luego de los reveses del presidente gringo en dos puntos estratégicos del concierto internacional, Ucrania y Gaza; de su muy probable participación con el delincuente Jeffrey Eipstein en la trata sexual de mujeres, y de su fracaso en la mayoría de las guerras comerciales, los cerebros del magnate inmobiliario encontraron que Venezuela es un punto débil y frágil del cual pueden sacar provecho.

Tanto el anterior mandatario de este país, Hugo Chávez, como su sucesor, Nicolás Maduro, desarrollaron un proyecto político y social que bautizaron “bolivariano” y “socialista” que al principio otorgó algunos beneficios a la población, pero que favoreció principalmente a lo que el pueblo de ese país llama con sorna “boli-burguesía”, a las fuerzas armadas y a los capitalistas extranjeros. Para que este engendro esencialmente capitalista y neoliberal fuera viable, es decir, atractivo para los capitalistas, ambos presidentes debieron reprimir y postrar a la clase obrera. En sus planes no cabía una fuerza laboral que tuviera sueldos decorosos y prestaciones, y menos que exigiera la plena nacionalización petrolera y un país independiente, gobernado por sus trabajadores. Si en 2002-2003 esta clase fue la que derrotó el golpe de la derecha y salvó la presidencia de Hugo Chávez, actualmente no hay una clase trabajadora venezolana que pueda defender a su país de la agresión de EU porque Chávez-Maduro la diezmaron mediante asesinatos, cárcel, despidos y la violación sistemática de sus derechos políticos y sindicales. También con los salarios de hambre que se pagan desde hace años, causadas por la inflación desbocada, el desempleo y las sanciones económicas imperialistas.

Chávez-Maduro siempre dejaron un ancho espacio para la participación de capitalistas extranjeros y nacionales y durante estos años las empresas privadas han obtenido enormes ganancias, comenzando por la compañía petrolera Chevron, norteamericana, que en estos años y a la fecha ha exportado cerca de la tercera parte del petróleo. Durante un largo periodo el chavismo contó con un grado de tolerancia imperialista debido a que permitía que EU, Gran Bretaña, Japón, etc., se quedaran con apetitosas rebanadas del pastel. Poco antes del 3 de enero, según el diario The New York Times, Trump rechazó la propuesta de Maduro de entregar todo el petróleo y los minerales del país a cambio de quedarse en el poder. Trump quiere todo y no quiere compartirlo. Pero sí necesita que el chavismo-madurismo (sin Maduro) le haga el trabajo de control y represión de la población, en el que es especialista. Por ello ha descalificado a la líder opositora burguesa Corina Machado como reemplazo de Maduro y ha auspiciado asuma como mandataria de Venezuela la ex vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Los que creyeron que con Trump llegaría la democracia a Venezuela se han quedado chasqueados. La oposición burguesa venezolana ha recibido una amarga lección sobre qué es el imperialismo porque el plan de Donald Trump es que el régimen de Chávez-Maduro se convierta en su instrumento para terminar de privatizar las riquezas naturales y para encarcelar políticamente a la población. En el plan de Trump no existe la convocatoria a elecciones, el pueblo de Venezuela seguirá bajo el autoritarismo de las mismas instituciones de hace años pero ahora dirigidas desde la capital de EU.

Trump se beneficia igualmente del creciente aislamiento y desprestigio internacional que tuvo el régimen de N Maduro, sobre todo a raíz del grotesco fraude electoral del año 2024, que fue precedido de una continua represión contra sectores del pueblo explotado y oprimido. Maduro tiene entonces una gran responsabilidad en el golpe que le ha propinado a Venezuela el imperio norteño. Aunque para Trump la excusa de salvar a los venezolanos de un dictador se cae por su propio peso, cuando el propio EU está bajo el yugo de un gobierno autoritario que reprime protestas, expulsa inmigrantes y ataca a las minorías. Además de ser aliado de dictaduras como la de Arabia Saudita, Marruecos o Guinea Ecuatorial; y de haber sido el socio principal del genocidio sionista en Palestina.

Repudiamos que la hipocresía también esté detrás de la imputación del imperio de que Maduro está vinculado al tráfico de drogas. Es un hecho que numerosos funcionarios de los regímenes de Venezuela, México, Ecuador y otros son cómplices del narco. Pero nos oponemos a que Maduro sea juzgado por los tribunales imperialistas. Esa es tarea de los venezolanos, de su pueblo y clase trabajadora. El que menos autoridad tiene para juzgar a narcos es Donald Trump, quien recientemente indultó al delincuente confeso Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras, procesado y sentenciado a 47 años de prisión en Estados Unidos, pero anexo aliado de Trump.

Otros grandes actores de esta trama son los gobiernos “progres” o de “izquierda”, como el de Lula, en Brasil, y especialmente el de Claudia Sheinbaum de México. A pesar de su verborragia nacionalista, soberanista, nunca han impulsado un frente o bloque de países para defenderse de los imperios, para evitar caer en las garras del FMI, del Banco Mundial y para disminuir o eliminar la deuda pública. Nada de esto. Sobre todo el segundo gobierno ha sido completamente pro norteamericano y pro Trump. El anterior mandatario mexicano, AMLO, como su sucesora, vienen de una larga trayectoria de sumisión a los dictados de la Casa Blanca en prácticamente todos los renglones y AMLO se sometió a la primera presidencia de Trump. Los gobiernos de la “Cuarta Transformación” de México han traicionado a los millones de migrantes que pasaron por México y han violado sus derechos de tránsito y de migrar: Guardias mexicanos (soldados) evitan el paso por la frontera sur y en la del norte fueron destacamentados 20 mil. De ganar la jugada Donald Trump, quedará en una posición extremadamente vulnerable la presidenta mexicana, a la que el yanqui ve con simpatía pues ésta lo ha apoyado en la mayoría de sus políticas, pero en Washington es percibida como tolerante o cómplice con los altos mandos de Morena, del PRI, el PAN, MC, etc., que están asociados con la delincuencia organizada.

AMLO-Sheinbaum han normalizado que sea EU el país que enjuicie a los narcos y políticos mexicanos delincuentes, como si fuera la mayor autoridad política, jurídica y moral para ello. Hoy su ex socio Nicolás Maduro pagará las consecuencias de esta práctica imperialista que alegremente fomentaron.

Exigimos:

Que en Venezuela se instauren amplias libertades de todo tipo y que lo más pronto posible se convoque a elecciones de todos los cargos y niveles.

Libertad a todos los presos políticos que condenen la invasión imperialista. Cárcel a los torturadores y a los autores de asesinatos políticos.

Derecho a la libre sindicalización y a las revisiones salariales y contractuales.

Fuera buques de guerra y militares estadounidenses del mar Caribe. Fin del bloqueo a los barcos con petróleo venezolano. Levantamiento inmediato de las sanciones económicas contra Venezuela.

Suspensión del pago de la deuda externa. Cese de la entrega de los recursos de la Faja del Orinoco a las compañías transnacionales. Por la plena nacionalización del petróleo y los recursos naturales.

Aumento salarial, empleo, servicios en Venezuela. Comida para todos.

Los gobiernos latinoamericanos que dicen oponerse a la intervención de Trump deben convocar a movilizar, cosa que hasta ahora no han hecho.

Apoyo militar a Venezuela la contra la agresión yanqui.

¡No a la invasión!      ¡Armas para los trabajadores! ¡Fuera Trump y el imperialismo norteamericano de América Latina y el Caribe!