Laura López
El 28 de noviembre de 2025, Italia volvió a paralizarse. La huelga general convocada por USB, COBAS, CUB y SGB detuvo durante 24 horas sectores estratégicos y movilizó a miles de personas en más de 50 ciudades. Esta jornada continuó la huelga del 3 de octubre, organizada en solidaridad con Palestina y la masiva movilización del 22 de septiembre bajo el lema Blocchiamo Tutto. En menos de tres meses, la clase trabajadora italiana protagonizó tres levantamientos nacionales de gran escala: una demostración clara de la organización, la convicción y la combatividad que atraviesan al país.
La historia italiana explica esta fuerza colectiva. Desde la Resistencia partisana contra el fascismo de Mussolini, que costó la vida a miles de obreros, campesinos y estudiantes, hasta las luchas obreras del biennio rosso, las ocupaciones de fábricas en Turín, la acción sindical unitaria de los años 70 y la tradición antifascista que aún vive en la memoria popular, el pueblo italiano se formó combatiendo a los opresores. Sus triunfos han sido conquistas arrancadas en las calles, en los talleres, en los barrios y en las universidades. Esa historia combativa explica por qué, hoy, Italia vuelve a ponerse en pie de lucha frente a un gobierno que intenta someter a su pueblo a una economía de guerra.
En el centro del conflicto se encuentra el Presupuesto 2026 de Giorgia Meloni, que propone un aumento descomunal del gasto militar: 900.000 millones de dólares en armamento para la próxima década y 32.000 millones de euros para 2026. Cada euro destinado a la industria bélica es un euro arrancado de la salud, la educación y todo lo que da vida digna a la clase trabajadora italiana. Es predecible que un gobierno burgués sacrifique el bienestar de su propio pueblo para financiar la maquinaria que asesina a otros pueblos oprimidos por el imperialismo, obedeciendo servilmente a la OTAN y a las presiones de Washington.
La respuesta popular fue inmediata. Milán reunió a más de 15.000 manifestantes; Bolonia reunió cerca de 10.000; Venecia vivió enfrentamientos cuando la policía intentó impedir el avance hacia la sede de Leonardo, uno de los pilares del complejo militar-industrial italiano. Decenas de miles marcharon bajo banderas palestinas y consignas contra la militarización europea.
La dignidad italiana volvió a hacerse presente. La clase trabajadora del país, formada en décadas de lucha antifascista, obrera, estudiantil y sindical, se levantó con claridad admirable: defender la vida implica enfrentar la economía de guerra, y enfrentar la economía de guerra implica detener a quienes la financian. Lo que sucede en Italia es una expresión madura de conciencia de clase, internacionalista y profundamente política.
Hoy Italia se convierte en un ejemplo extraordinario para las y los proletarios del mundo. La organización masiva, el compromiso con Palestina y el rechazo frontal al militarismo revelan un nivel de lucidez que debería replicarse globalmente. Los italianos comprenden que la guerra no sólo destruye a otros pueblos: destruye también la vida cotidiana de la clase trabajadora y nos condena a la miseria, desviando recursos públicos hacia las armas en lugar de fortalecer hospitales, escuelas y servicios esenciales.
La huelga del 28 de noviembre nos recuerda algo esencial: el neoliberalismo siempre avanza contra la salud pública, contra la educación, contra el salario, contra los derechos arrancados por décadas de lucha colectiva. Frente a esa ofensiva permanente, sólo la organización popular puede defender lo conquistado y abrir nuevos caminos.
Por eso esta huelga es una lección internacional. Cuando un gobierno convierte el presupuesto nacional en un instrumento de guerra, el pueblo tiene el deber de convertir las calles en un instrumento de defensa de la vida. Cada marcha, cada paro, cada bloqueo expresa una verdad básica: los derechos existen mientras la clase trabajadora los defiende.
Italia acaba de recordarle al mundo que la dignidad organizada puede frenar la agresión neoliberal y enfrentar al imperialismo. Y hoy, desde cada rincón del planeta, la tarea es clara:
inspirarse en la combatividad y la organización del pueblo italiano para luchar contra contra toda forma de opresión. La clase trabajadora del mundo tiene en Italia un espejo de lo que es posible cuando la indignación se transforma en organización, y la organización se convierte en fuerza histórica.