El Mundial en México: un gobierno que prioriza el capital sobre la vida

Laura López

El jueves 11 de junio se inaugurará el Mundial de fútbol 2026, cuya sede será compartida
entre México, Canadá y Estados Unidos. El evento deportivo promete una gran derrama
económica y un gran flujo de turistas, pero es al mismo tiempo una coyuntura política en
que se vuelve evidente el tipo de alianzas políticas, intereses económicos y lógicas que
atraviesan la organización del evento.

Mientras México atraviesa una profunda crisis de desapariciones, violencia, desigualdad y
precarización de la vida; Claudia Sheinbaum en conjunto con el sector privado, decidieron
invertir 3 mil millones de dólares en la modernización de estadios, infraestructura vial y
aeroportuaria en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Esta decisión revela una
prioridad: destinar recursos a la rentabilidad del evento por encima de la atención de la
crisis humanitaria.

Mientras el gobierno pro burgués de la 4T se entusiasma por el aumento del turismo y la
derrama económica que generará el Mundial, en México las cifras oficiales de personas
desaparecidas rondan las 133 mil; mientras que según colectivos de búsqueda y
organizaciones sociales podrían ser casi 400 mil. La coexistencia de ambas realidades
muestra qué problemas se atienden y cuáles se relegan.

Ante la crisis humanitaria y las múltiples demandas de diversos sectores sociales no
atendidas, colectivos de madres buscadoras y organizaciones han planteado acciones de
protesta durante el Mundial. También el magisterio democrático organizado en la CNTE ha
anunciado movilizaciones durante estas fechas para denunciar que miles de trabajadores
del sector público en México, al llegar a la jubilación, ven reducidos sus ingresos en más de
un 50 por ciento, producto de las reformas neoliberales al sistema de pensiones.

El gobierno de la 4T ha ordenado desplegar casi 100 mil elementos de seguridad bajo el
denominado Plan Kukulkán; éste contempla la participación de más de 99 mil elementos,
incluyendo fuerzas armadas (Ejército y Fuerza Aérea), alrededor de 55 mil efectivos de
seguridad federal o nacional y 20 mil de seguridad privada. En materia de vigilancia aérea y
tecnológica, se prevé el uso de aviones radar EMB-145, aviones F-5, 81 sistemas anti
drones, 33 drones tácticos y helicópteros; en el despliegue terrestre, más de 2,100
vehículos militares y 378 vehículos de apoyo. La escala del dispositivo evidencia que la
prioridad es garantizar condiciones del evento, mediante la militarización.

Todo este despliegue tiene como objetivo proteger los intereses del capital y a los turistas
que acuden a consumir los eventos deportivos, pero también contribuyen a fenómenos
como el turismo sexual, el encarecimiento de la vivienda y prácticas discriminatorias hacia la
población local, y construye las condiciones para una posible represión de la protesta.

El Mundial que promete “derrama” produce, simultáneamente, militarización, violación a
derechos humanos y gentrificación para quienes habitamos las ciudades sede en México.
El gobierno parece mostrar una profunda preocupación por impedir que los colectivos de
madres buscadoras visibilicen su justa y digna lucha, cuando todos los ojos del mundo
están mirando a México durante el mundial y que eso incomode a las grandes empresas o a
los turistas. Esto hace evidente que la imagen del país se protege más que los derechos
humanos del pueblo.

Visibilizar ante la clase trabajadora de todo el mundo los problemas en México ayudaría a
que los demás pueblos vean sus problemas y demandas reflejadas y entiendan que no
están solos, que sus necesidades y problemas son los de la clase trabajadora en el mundo
y así se genere entre los oprimidos de cada rincón del planeta un sentimiento de empatía
entre pueblos y de indignación ante un sistema capitalista que por igual despoja, criminaliza,
violenta y explota en todas las latitudes.

Es una necesidad vital que las izquierdas revolucionarias en los 3 países sedes del mundial
aprovechemos la coyuntura para que con todas sus fuerzas y a cualquier precio visibilicen
las exigencias de acceso a la vivienda, derechos laborales, acceso a la justicia, educación,
etc. Así como los problemas de desapariciones, violencia, desigualdad, autoritarismo,
despojo, gentrificación y criminalización de inmigrantes y disidentes políticos. La clave es
articular estas demandas como parte de un mismo conflicto estructural.

Así como los eventos deportivos han servido para distraer a los pueblos, el mundial puede
hoy ser una herramienta para acercar a la clase trabajadora de todo el mundo entre sí,
unida por sus opresiones, problemas, demandas e ímpetu de lucha.

En México, Estados Unidos y Canadá, como clase trabajadora debemos salir a las calles
durante las fechas del Mundial y paralizar escuelas, puertos, transportes y fábricas, cuando
los ojos del mundo están puestos aquí, convirtiendo la visibilidad global en presión política,
con la certeza de que, cuando un pueblo se organiza y lucha, no tiene nada que perder
salvo sus cadenas.